sábado, 19 de mayo de 2012

Carta 11

Querida,
Aquí me tienes otra vez escribiéndote, como todas las noches. Me temo que está sea la última carta que pueda escribirte. Toda mi vida te he estado contemplando. Día a día me has acompañado desde la distancia. Me has ofrecido tu luz todas las noches y has arropado mis temores de niño. Sé que lo sabes todo, porqué por los días aun que no te vea, sé qué sigues estando ahí. Contemplándome a mi y a muchos más desde la distancia. Sé que puedes ver las miserias que pasan en este mundo, la gente llorar desconsoladamente, las sonrisas que pueden llegar a durar una fracción de segundo… Sé que por el momento y que desde siempre te has encontrado acompañando al hombre temeroso de la oscuridad y gracias a tu luz, nosotros podemos tener mayor seguridad.
Sé que eres incondicional porqué todas las noches, horas antes u horas después te encontrarás en el cielo otra vez. Incluso puedo contemplarte reflejada en mi vaso, en el mar dónde siempre solía escribir su nombre, en las ventanas, en los espejos...
Todas las noches me asomaba por las ventanas de mi casa para verte ensombrecida por un velo de lluvia y para darte las gracias.





Carta 25


Querida madre:
Quisiera explicarte con sinceras palabras, todo lo que me ha pasado y que me ha hecho pensar en ti. Durante este tiempo, la distancia ha sido un reto duro e insoportable. Pero mis palabras no son para llenarte de pena, sino para explicarte mi largo viaje, mis sentimientos y mis miedos.
Con los ojos bien abiertos, vi cómo volaban los vencejos, arriba, en el cielo. No es que entendiera demasiado sobre este tema, pero pensé que quizá eso sería una señal de que faltaba poco para llega a tierra firme. De repente, estábamos tan cerca de tierra firme, que vi bajar el capitán. Más tarde, cuando todo el mundo lo estaba escuchando, yo intentaba esconder los nervios, mientras él terminaba el discurso. En aquel momento no sabía que pensar, ni que tendría que hacer. Pero en ningún momento olvidé que tenía que ser valiente, que la suerte de la gente del mundo dependía de mí y de mis compañeros. Ya en la cubierta, todo el mundo, creyente o no, intentaba aferrarse a cualquier religión. Pidiendo a Dios, una y otra vez, salir de esta sano y salvo. No puedo contradecir que yo también le rogaba a dios una y otra vez. En determinados momentos pensaba qué pasaría si todo saliera mal. ¿Qué pasaría si una bala enemiga cruzara el viento y me atraviesas el cerebro? Aquí sería el final de mis pensamientos y de mis palabras? Sin embargo, las olas me arrastraría al fondo, con miles de soldados que me acompañaban en mi muerte, con miles de peces luchando para poder devorarse la carne de mis compañeros e incluso la mía. Pensé tantas cosas... Más tarde, pensé desesperadamente que cuando nadie me viera, me esconderia.

 De todos modos, la gente siempre miraba. Hasta que el barco se detuvo y es cuando sentí un nudo en la garganta. Ya era el momento. Las compuertas se abrieron, y en un segundo miles de soldaditos fueron hundidos en el mar, dejando el rastro de la sangre. Algunos continuaban disparando al infinito y otros cargaban sus armas mientras insultaban al enemigo. Yo era uno de esos algunos que disparaban hasta que llegara al enemigo. Entre bomba y bomba todo iba bastante bien, pero de repente cayó una bomba a mi lado. Primero piensas "qué suerte que he tenido" pero después sientes un dolor extraño en la espalda, un dolor jamás experimentado. Y en tocarme la espalda con todo el brazo y las manos, lo vi manchado de sangre. Vigilando mucho, girando la cabeza a ambos lados, me senté en la arena, detrás de una roca y descansé, esperando a que llegará algún médico. Y tranquilizándome pensando en las cosas que haría si saliera de esto. Para empezar iría bien vestido donde estás tú, y te pediría perdón por haberte tratado siempre así. Y para terminar tendría un hijo con Margarita, que la amo más de lo que me quiero a mí. Pero mis palabras se acaban aquí. Por ello con simples letras te pido perdón. Y me quedo con la duda si algún día nos volveremos a ver en otra vida.


Carta 24


La amistad es uno de los mejores tesoros que debemos conservar. Y tu amistad fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. Me regalabas sonrisas cuando me sentía desdichada, sentía que me aumentabas mi autoestima y me ponía de muy buen humor. Amistad la tuve con todos pero solo algunos son verdaderos. Dicen que los amigos verdaderos se cuentan con los dedos y tú eres uno de ellos. Porqué tu siempre estabas ahí cuando más te necesitaba, con tus palabras de ánimo. Aquellos que comparten momentos felices de la vida y tristes, pero siempre están ahí. Todos necesitamos un hombro sobre el que llorar, expresar nuestros sentimientos y sentirnos importantes, alguien que nos aprecie verdaderamente. Se que la vida no es fácil pero los verdaderos amigos la pintan de colores para que lo parezca. Porque cuando nuestro mundo se rompe en mil pedazos ellos siempre recogen uno y cada uno de esos pedacitos y lo construyen de nuevo. Porque solo los amigos pueden ayudarte a recobrar confianza cuando te invade la tristeza o la nostalgia.


Carta 23


Me dije una vez que no podía estar triste, no llorar más. Era agobiante tener el nudo en la garganta tan seguido, quizás alguna palabra de alguien pudiera ayudar a olvidar los momentos tristes que invadían mi mente. Una de las muchas cosas era que el nudo se me había quedado instalado en el corazón, no me dejaba respirar, ni por las noches ni por los días. Toda enfermedad tiene cura o alivio, eso me decía una y otra vez. Podía existir alguna medicina que me pudiera llegar a sanar.  Pero la felicidad a mi vida, no resulto llegar. Su recuerdo permanece en mi memoria. Cada día aumentaba, se extendía y me quitaba todos y cada uno de los atisbos de felicidad que pudiera llegar a tener. Su indiferencia era un cuchillazo en el corazón, cada vez que besaba a esa chica con la que quizás siga, pensaba que nunca más podría recuperarle. Lo único que podía hacer era lamentarme por los malos momentos que había vivido y tratar de tomar un rumbo nuevo. Y aún le sigo queriendo, probablemente nunca deje de hacerlo. Esta herida me esta costando mucho de sanar, para convertirla en cicatriz y que quede en el olvido. jamás volveré a caer en ese pozo oscuro del que creí que no podría salir. Pero aún sigo aquí y soy culpable por los errores que he cometido, por el tiempo malgastado… Las palabras no dichas, los consejos que no acepté. Pero, sobre todo, me declaro culpable por las reglas incumplidas. Mis ganas de vivir se habían consumido, quiero reponer nuevas oportunidades, empezar desde cero, un nuevo comienzo. Enterrar los recuerdos. Seguir el camino correcto, no callarme ante lo injusto y ser una luchadora más. 


Carta 22


Amor, sueños cumplidos, momentos de felicidad…
El corazón me nublo la vista, se niega a oír, a escuchar… Solo siente. Siente y padece. Ya perdí el número de veces que sentí que el corazón se estremecía hasta sentirlo rehuidamente pequeño que llegaba a doler de una manera impresionante, que no podía explicar con palabras porqué no tengo las justas ni las precisas. El sentido común tiende la mano al corazón para que no caiga en el abismo, pero el corazón es como un niño… Escuchará y escuchará pero casi nunca te hará caso. Pues cree no equivocarse. Le gusta jugar con fuego, amar, echarle agua para que la llama vaya apagando, tratar de mantener la llama, esperar a que queden cenizas… Le gusta errar, le gusta las nuevas experiencias, esas que quedan grabadas en tu memoria toda la vida, buenas o malas. Eso no importa.
Le gusta sentirse vivo. Pero cuando llora, se siente un gran vacío por dentro y otras veces un exceso de una sensación extraña que de ningún modo puedes expulsar afuera, tiene que mantenerse dentro. Hay penas que son tan grandes, que a pesar del tiempo no nublan el recuerdo, para dejarlo en el olvido. He llegado a llorar tanto que en algún momento me he preguntado si todavía me sobran lágrimas para derramar. Más le duele al corazón cuando deseas llorar y te aguantas por algún motivo. El nudo en la garganta apreta mucho y los pasos se convierten en lentos o rápidos, dependiendo del dolor y de la humillación que no quieres sufrir o si ya no te importa sentir humillación. Las lágrimas en los ojos están ansiosas por salir y sabes que con un simple parpadeo las lágrimas caerán. Pretendes que nadie se de cuenta y que en otro momento en el logres sentirte más fuerte, puedas arreglar el destrozo. Un corazón roto no puede arreglarse solo.

Pero también están esos momentos en que el corazón llora de alegría, son muy pocos pero vale la pena vivirlos, te hacen sentirte completo. Porqué las circunstancias han llenado el vacío. Las situaciones que vives felizmente pueden o no ser perfectas, depende de ti y de los demás. Si mutuamente se lo proponen no hay temor para sufrir. Si la ecuación es tan sencilla, por qué no sabemos aplicarla día a día en nuestras vidas.

Todo es cuestión de uno mismo.

Carta 21- MOMENTOS


Todas las mañanas me despierto y contemplo el océano desde mi venta. Me paso horas contemplando las olas chocar contra el arena. Me recuerdan a ti.
Recuerdo que te encantaba la lluvia y yo la odiaba, pero poco a poco me fue agradando, hasta prácticamente acabe conquistada. Recuerdo que te gustaba el ruido de la lluvia contra el cristal, el olor de las plantas mojadas y de la tierra humedecida. Los caracoles dejando su rastro de baba por el suelo madera del jardín… Me gustaba verte llorar emocionado y lleno de alegría cada vez que me veías. Tu entusiasmo hacia que olvidará mis malhumores de niña y mis peleas con mi madre. Cuándo solía haber viento me arropabas con tu mantita marrón, aun la conservo y sigue igual de suave. Pero añoro tus abrazos que me hacían sentirme segura a la hora de actuar. Tus consejos antiguos y sabios, con una gran historia por detrás. Esa mirada picara y tus ojos marrón café. Ver una buena película, de las antiguas, la que recordaban tu pasado. Comer palomitas, esperar a que te despistaras para también acabarme las tuyas. Recuerdo el picor del sol sobre la piel en un día de verano. Estar allí arriba, en la montaña, eran terribles los días de verano. El sol era bien arrasador. Extraño tus maneras de actuar y tu forma de ver la vida. Extraño aprender de la natura que me rodea… Recuerdo las mañanas en que me que los rayos de sol entraban por mi ventana y acariciaban mi rostro, hasta lograr despertarme. Me dejabas el desayuno siempre en la mesa, ahora tengo que hacérmelo sola.  Extraño cuando me ofrecías tu bufanda en las noches de frío. Los helados sabían mejor cuando compartíamos las tardes, como abuelo y nieta.

Me encantaba caminar a tu lado con Niebla, ella siempre se adelantaba y nos ganaba, llegaba siempre primero. Yo en aquellos años, no era tan rápida corriendo. Tal vez porqué aún era muy niña y Niebla estaba en plena juventud. Han ido pasando los años y sigo caminando por los bosques con Niebla, ahora soy más rápida y puedo ganarle. Pero ya se la ve muy vieja, temo que ella también me abandone. Quiero volver a caminar por los bosques y sentirme segura, aun que tenga que hacerlo sola.

Una vida contigo, repleta de sueños, ilusiones… estos pequeños detalles, son los que guardaré siempre y nunca olvidaré, los que hacen que la vida sea mucho mejor y los que me mantienen viva. Solo espero aprender a vivir en solitaria.

Carta 20- Carta a mi memoria.


Debido a que a partir de la gran impresión que nos causan algunas circunstancias de la vida, quedan marcadas porque constituyen los acontecimientos más trascendentales, además les damos la mayor importancia a estos hechos vividos, lo que nos provoca recordarlos. Pero no me parece suficiente respuesta… ¿Puedes respondérmelo tú?
Tengo muchas dudas y dudo que puedas resolvérmelas algún día…

Cuántas veces has sentido que tienes millones de cicatrices, de todas clases en sitios recónditos. Todos ellos son como mapas secretos que se mantienen en nuestra piel marcados. Marcando vida de una historia pasada, con personajes que tal con el paso del tiempo se ha ido olvidando el tener que recordarle tan constantemente. Son como diagramas de todas tus antiguas heridas. Y la gran mayoría de estas, con el tiempo se curan, pero siguen manteniéndose marcadas. Estas heridas van con nosotros a todas partes, porqué el dolor aún perdura. Tal vez estas heridas siguen ahí, porqué pretenden enseñar algo, para que en el momento que te vuelve a suceder, evitarlo.

Me pregunto y te pregunto por qué no me recuerdas las lecciones enseñadas del futuro, por qué me las recuerdas cuando se ha llevado a la practica. No se por qué tengo que dejar las cosas para después, tal ves sea por el miedo, el miedo al fracaso, el miedo al dolor, el miedo al rechazo. A veces tenemos miedo a tomar una decisión, porqué tenemos equivocarnos. Cada vez que mi dolor es más poderoso que mi miedo, es como si cargara con un tumor gigante. Y no podemos fingirlo, sabemos que en algún momento nos lo dijeron. Todos alguna vez en la vida hemos oído los proverbios, a los filósofos, a nuestros abuelos y padre advirtiéndonos sobre el tiempo perdido, sobre los errores. Cuántas veces nos hemos dejado llevar por los poemas, las películas… Imaginando que la vida podría convertirse en un poema o una película más. Es mejor saber que preguntarse, que despertar es mejor que dormir y que fracasar o cometer un error enorme es mucho mejor que no haberlo intentado.